ARREPENTIMIENTO Y CONVERSIÓN
El perdón de pecados se obtiene por el arrepentimiento genuino, un hecho de confesar y abandonar los pecados. Somos justificados por
fe en el Señor Jesucristo (Romanos 5:1). Juan el Bautista predicó el arrepentimiento, Jesús lo declaró y los Apóstoles insistieron en ello, tanto a los judíos como a los gentiles (Hechos 2:38;
11:18; 17:30).
La palabra "arrepentimiento" viene de varias palabras griegas que significan cambio de puntos de vista y de propósitos, cambio de corazón, cambio de actitud, cambio de vida, transformación,
etc.
Jesús dijo, "...si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente" (Lucas 13:3).
Lucas 24:47 dice, "Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén."
BAUTISMO EN AGUA
La manera bíblica de bautismo es por inmersión, y es solo para los que se han arrepentido completamente, habiéndose apartado de sus pecados y de
su amor para el mundo. Debe ser ministrado por un ministro del Evangelio debidamente autorizado, obedeciendo la Palabra de Dios, y en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, según Hechos de los
Apóstoles 2:38; 8:16; 10:48; 19:5; obedeciendo y cumpliendo así Mateo 28:19.
EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO
Juan el Bautista dijo en Mateo 3:11, "...él os bautizará en Espíritu Santo y fuego."
Jesucristo dijo en Hecho 1:5, "...vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días."
Lucas nos cuenta en Hechos 2:4, "Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas (idiomas), según el Espíritu les daba que hablasen.
" Los términos "bautizar en Espíritu Santo y fuego," "llenos del Espíritu Santo," y el "don del Espíritu Santo" son términos sinónimos usados indistintamente en la Biblia.
Es bíblico esperar que todos los que reciben el don, la plenitud, o el bautismo del Espíritu Santo reciban la misma señal física, señal inicial de hablar en otras lenguas.
El hablar en otras lenguas, como se relata en Hechos 2:4; 10:46; 19:6 y el don de lenguas como se explica en 1 Corintios, capítulos 12 y 14, son iguales en esencia, pero distintos en uso y
propósito.
El Señor, por medio de profeta Joel, dijo, "...derramaré mi Espíritu sobre toda carne" (Joel 2:28).
Pedro, explicando esta experiencia fenomenal, dijo, "habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, (Jesús) ha derramado esto que vosotros veis y oís" (Hechos 2:33).
Además, "...Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuántos el Señor nuestro Dios llamare" (Hechos 2:39).
